Dicen que, en la música, la pausa entre las notas es tan importante como las notas mismas. De no ser por ese espacio de silencio, la melodía sería una discordante –y desagradable- cacofonía. Lo mismo ocurre en nuestro día a día. En medio del ruido constante del tráfico, los aviones, el timbre del teléfono, el iPod y la TV o los compañeros de trabajo, se aturden nuestros sentidos.
El ruido excesivo contribuye a las enfermedades cardiovasculares, la alta presión areterial y los niveles elevados de colesterol en la sangre, lo mismo que a la supresión del sistema inmunológico que nos defiende de las enfermedades. Pero, quizás lo que más nos roba ese ruido constante, es la capacidad de estar presentes con nuestros pensamientos; de escuchar la voz interior que es, a fin de cuenta, quien narra nuestra experiencia de la vida.

Cuando desoimos esa voz interior, perdemos contacto con nuestro “ser. Si deseas re-encontrarte con este, haz un espacio para el silencio en tu vida. Apaga la TV; no hables de más. Si es necesario, levántate 15 minutos más temprano y disfruta de la paz del silencio.
Tu espíritu te lo agradecerá.
Artículos extraídos de la Revista "Siempre Mujer"

